¿Qué pasa cuando una IA hace lo que le pediste, pero no como esperabas?

Agente de IA interactuando con APIs y sistemas empresariales durante su ejecución

Durante mucho tiempo, interactuar con inteligencia artificial significaba algo bastante sencillo: hacer una pregunta y esperar una respuesta.

Los agentes de IA están cambiando esa dinámica.

Ahora pueden recibir un objetivo y utilizar diferentes herramientas para cumplirlo. Pueden consultar información, conectarse con aplicaciones, utilizar APIs y ejecutar acciones sin esperar una instrucción humana para cada paso.

Esta capacidad abre enormes posibilidades para automatizar procesos. También introduce una pregunta que hasta hace poco no era necesaria:

¿Qué ocurre cuando el objetivo es correcto, pero la forma de alcanzarlo comienza a desviarse de lo esperado?

Una instrucción puede convertirse en muchas acciones

Imaginemos un agente encargado de ayudar a resolver solicitudes de clientes.

Para realizar su trabajo podría consultar el CRM, revisar información de facturación, abrir un ticket, actualizar algún dato y, si fuera necesario, iniciar un proceso de reembolso.

Para una persona, esto representa varias tareas. Para un agente, puede convertirse en una secuencia de llamadas a diferentes APIs ejecutadas en segundos.

El problema es que cada acción podría parecer legítima cuando se observa por separado.

Radware plantea precisamente este escenario en una publicación reciente: un agente de soporte utilizó distintas APIs que funcionaban aparentemente como habían sido diseñadas. Sin embargo, una combinación de validaciones insuficientes provocó que procesara un reembolso sobre una cuenta incorrecta. Durante el proceso realizó 340 llamadas de API en menos de dos minutos sin generar una alerta.

No hubo necesariamente una petición evidentemente maliciosa. El riesgo apareció en la secuencia y en el contexto.

Cuando una acción válida produce un resultado inesperado

Las APIs permiten que aplicaciones y servicios intercambien información y ejecuten funciones. En un entorno con agentes, también se convierten en uno de los mecanismos que permiten a la IA actuar.

Por eso, conocer qué APIs existen sigue siendo importante, pero ya no cuenta toda la historia.

También necesitamos entender qué acciones permiten ejecutar, quién o qué las utiliza y qué sucede cuando varias acciones aparentemente válidas se combinan.

Un agente puede tener autorización para consultar determinada información y utilizar una herramienta. Sin embargo, eso no significa que cualquier combinación de esas capacidades produzca necesariamente el resultado que la organización esperaba.

La seguridad empieza entonces a mirar algo más que solicitudes individuales: necesita comprender el comportamiento completo.

La intención se convierte en una señal de seguridad

Aquí aparece un concepto interesante dentro del enfoque de Radware: Intent-Based Security.

En lugar de observar únicamente si una acción coincide con un ataque conocido, la propuesta consiste en analizar si el comportamiento del agente continúa alineado con el objetivo para el que fue autorizado.

La diferencia es importante.

Un agente puede comenzar con una tarea perfectamente válida y descubrir nuevas maneras de cumplirla. Puede utilizar otras herramientas, buscar recursos adicionales o modificar su estrategia. Esa capacidad de adaptación es precisamente parte de su valor, pero también puede provocar que se aleje gradualmente de los límites previstos.

Por eso, Radware plantea que la seguridad de los agentes también debe considerar su objetivo, los recursos permitidos, las herramientas autorizadas y las rutas de comunicación esperadas.

Observar lo que sucede mientras la IA trabaja

Con aplicaciones tradicionales, muchas decisiones de seguridad pueden establecerse antes de que una persona ingrese.

Los agentes añaden otra dimensión: lo que sucede durante su ejecución.

¿Qué herramientas está utilizando? ¿Con qué sistemas se comunica? ¿Qué recursos consulta? ¿Las acciones que está encadenando continúan teniendo relación con la tarea original?

Esto explica la importancia de la protección en runtime, es decir, mientras el agente está operando.

Dentro de su enfoque de Agentic AI Protection, Radware incorpora monitoreo de las acciones e intenciones de los agentes, control de herramientas MCP y mapas que permiten visualizar relaciones entre agentes, herramientas y flujos de ejecución.

La intención no es supervisar manualmente cada movimiento. Se trata de contar con suficiente contexto para detectar cuándo una secuencia comienza a comportarse de una manera distinta a la esperada.

Proteger una IA que ya puede actuar

La conversación sobre seguridad de inteligencia artificial está evolucionando al mismo tiempo que sus capacidades.

Cuando una IA únicamente respondía preguntas, gran parte de la atención estaba en la información que recibía y generaba. Cuando empieza a utilizar herramientas, conectarse con APIs y ejecutar procesos, también necesitamos observar qué hace mientras intenta cumplir una tarea.

Esto no significa que los agentes deban perder autonomía.

Significa que esa autonomía necesita acompañarse de visibilidad, contexto y controles capaces de entender el comportamiento durante la operación.

Radware aborda esta parte del problema desde la protección de agentes, APIs y runtime, buscando identificar cuándo las acciones comienzan a separarse de la intención para la que fueron autorizadas.

Porque conforme la IA adquiere capacidad para actuar, la pregunta ya no es solamente si tiene permiso para hacerlo.

También necesitamos saber si la manera en que está cumpliendo su objetivo sigue siendo la que esperábamos.

Para mantenerte informado y protegido, sigue las redes sociales de Nova en: Instagram, Facebook y LinkedIn, donde puedes encontrar más noticias y conocer las soluciones en ciberseguridad que ofrecemos.

#NovaInforma

Automatizar una Mesa de Servicio no siempre significa hacerla más eficiente

IA aplicada a una Mesa de Servicio para automatizar la gestión de solicitudes

La inteligencia artificial está llegando a las mesas de servicio con una promesa atractiva: atender solicitudes con mayor rapidez, reducir tareas repetitivas y ayudar a los equipos de soporte a trabajar con más información.

Hoy ya existen capacidades que permiten resumir conversaciones extensas, facilitar el autoservicio o sugerir al técnico posibles pasos para atender una solicitud. La oportunidad es evidente: utilizar la tecnología para disminuir parte de la carga operativa que consume tiempo todos los días.

Sin embargo, incorporar inteligencia artificial no convierte automáticamente una mesa de servicio en una operación más eficiente.

Antes de preguntarnos cuánto podemos automatizar, existe una cuestión más importante: ¿qué tan preparados están nuestros procesos para hacerlo?

Automatizar también puede acelerar los problemas

Una mesa de servicio genera información constantemente. Cada solicitud deja datos sobre lo que ocurrió, cómo se atendió y qué acciones permitieron resolverla.

Ese conocimiento puede convertirse en una fuente valiosa para la inteligencia artificial. Pero su utilidad depende de la calidad de la información disponible.

Si los registros están incompletos, las categorías no siguen criterios consistentes o cada integrante del equipo documenta de manera diferente, la IA tendrá dificultades para interpretar correctamente ese historial.

Algo similar ocurre con los procesos.

Automatizar un flujo confuso no elimina sus deficiencias. Simplemente permite ejecutarlo con mayor velocidad. Por eso, antes de incorporar nuevas capacidades, conviene revisar qué tareas realmente están listas para funcionar con menor intervención humana.

¿Dónde puede aportar valor la IA?

El potencial aparece cuando la tecnología se utiliza para reducir fricción en actividades concretas.

Un usuario, por ejemplo, puede consultar información mediante lenguaje natural sin conocer las palabras exactas de una base de conocimiento. Si necesita intervención del equipo, la solicitud puede llegar con mayor contexto desde el inicio.

Para los técnicos ocurre algo parecido.

En lugar de revisar una conversación completa para comprender qué sucedió antes de recibir un caso, un resumen automático puede mostrar los elementos relevantes. También es posible recibir recomendaciones basadas en información previa que ayuden a decidir cuál podría ser el siguiente paso.

El objetivo no es retirar a las personas del proceso. Es evitar que dediquen una parte considerable de su jornada a buscar información, resumir conversaciones o realizar actividades que una herramienta puede apoyar.

Así, el tiempo recuperado puede concentrarse en solicitudes que requieren análisis, experiencia y criterio humano.

No todo debería automatizarse al mismo tiempo

Uno de los errores al adoptar inteligencia artificial consiste en intentar transformar toda la operación desde el principio.

No todas las solicitudes tienen la misma complejidad ni representan el mismo riesgo. Restablecer una contraseña o consultar información frecuente no exige el mismo nivel de decisión que atender una interrupción crítica.

Por eso, una adopción gradual permite comenzar con tareas repetitivas y de bajo riesgo, observar los resultados y ampliar la automatización conforme aumenta la confianza en el proceso. Este enfoque también coincide con la recomendación de Proactivanet de avanzar progresivamente en lugar de automatizar primero y corregir después.

La supervisión sigue siendo importante. Conforme la IA participa en más actividades, también deben quedar claros los criterios para revisar sus resultados y determinar cuándo una decisión necesita intervención humana.

Una Mesa de Servicio inteligente empieza antes de la IA

La conversación sobre inteligencia artificial suele concentrarse en lo que una herramienta puede hacer.

Pero una pregunta quizá sea más útil: ¿qué necesita estar preparado para que realmente funcione?

Procesos claros, información confiable y criterios consistentes permiten que la automatización encuentre un terreno donde aportar valor. Sin ellos, incorporar más tecnología puede añadir velocidad sin necesariamente mejorar el servicio.

Una mesa de servicio más inteligente, por lo tanto, no es la que automatiza cada interacción, es aquella que identifica qué actividades pueden resolverse con apoyo tecnológico, cuáles necesitan mantenerse bajo supervisión y dónde el conocimiento del equipo sigue siendo indispensable.

La inteligencia artificial puede ayudar a responder más rápido, reducir tareas repetitivas y aprovechar mejor la información acumulada. Pero la eficiencia no comienza al activar una nueva función.

Comienza al decidir qué vale la pena automatizar y para qué.

Para mantenerte informado y protegido, sigue las redes sociales de Nova en: Instagram, Facebook y LinkedIn, donde puedes encontrar más noticias y conocer las soluciones en ciberseguridad que ofrecemos.

#NovaInforma